martes, 28 de octubre de 2014

Reflexiones

Durante toda la primaria fui un estudiante promedio, pertenecía a una familia con seis integrantes incluyéndome. Mis padres sólo cursaron la primaria y me era muy difícil hacer mis tareas pues a pesar de contar con dos hermanos mayores, estos no me apoyaban del todo pues ellos mismos tenían sus propias dificultades. Mi madre y padre me ayudaron hasta llegar a las divisiones, me enseñaron distintas técnicas de comprobación de estas. Esto se me ha quedado grabado hasta la fecha e incluso esas técnicas de comprobación las he aplicado con mi hijo. Les decía, cuando curse la secundaría asistí a una escuela secundaría técnica en donde sólo tres de todos los que me impartieron materias durante los tres años marcaron mi experiencia académica. Ellos no sólo se preocupaban de que fuera una mejor estudiante sino que también notaban que algo pasaba dentro del seno familiar y sin tocar el tema siempre tenían palabras de consuelo o motivación para mi. Los problemas en casa se hicieron más grandes y casi por cursar al tercer año de mi secundaría mis padres se separaron, los maestros que les mencione siempre pendientes de mi. Llegando las fechas para realizar exámenes de admisión para las preparatorias, yo no realice ninguno pues aunque mi padre ya no estaba con nosotros influía con sus ideas y una de esta era que yo no siguiera estudiando pues era más viable le ayudara a mi madre en el oficio de corte y confección. En ese momento yo no entendía lo que pasaba por la mente de mi padre pero sentía que eso no estaba bien, pero aun no sabía cómo sustentar esa duda. Una de mis hermanas, la mayor, tomo la batuta y acompañada de su esposo me hicieron ver la importancia de estudiar. “siempre será más barata la educación que le pueda dar a esta chamaca. Vea. Lo que ahora quiere ahorrarse, tarde o temprano lo tendrá que gastar si esta niña no estudia pues es muy probable que con su inmadurez, tome malas decisiones y elija algún compañero igual que ella, tengan hijos y estos dado que no estudiaron no podrán mantenerlos o darles la vida que usted desea para estos y quién creé que le tenderá la mano con comida, pañales, etc” Lo bueno de todo este discurso es que mi madre lo entendió y mi hermana se comprometió a ayudarme. En la preparatoria a la que asistí hubieron muchos maestros que a pesar de no haber estudiado para ser docentes, estaban comprometidos a formarnos lo mejor posible a los alumnos para integrarlos a una sociedad que los necesitaba bien preparados.
 La visión bien dirigida de la importancia de la educación, contribuyó para que yo me siguiera formando en un buen ambiente. La lectura ayudo a superar los muchos conflictos e inseguridades que dejó la desintegración familiar.  Teniendo un claro panorama de mis objetivos continúe en mi formación haciéndome responsable de mis estudios y tratando de ser un mejor ejemplo para mi hermana menor(a quien claro también se le apoyo). Entendí que la familia sufre cambios pero que esta por ningún motivo deberá desintegrarse emocionalmente. Unos ayudando a otros a entender que deberíamos prepararnos lo más posible.
Los maestros comprometidos a formar jóvenes útiles a la sociedad es algo que se ha perdido en nuestros tiempos. Es duro ver que por sobre la educación en nuestro país , siempre habrán otros intereses particulares pero es gratificante saber que  aun hay personas que podemos comprometernos para hacer el cambio. La educación es la mejor inversión y esta podrá mejorar si cada uno tiene una mejor actitud y disposición. Debemos dejar atrás el sin fin de cosas que nos pueden impedir nuestra superación. Como lo bien dice nuestra compañera  GUADALUPE ILEANA GONZALEZ LOPEZ  no dejar que  “ nuestros pensamientos sean los que nos impiden avanzar “.

Vamos juntos que nuestras experiencias y aptitudes nos ayudaran en el camino.

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