Reflexiones
Durante toda la primaria fui un estudiante promedio, pertenecía
a una familia con seis integrantes incluyéndome. Mis padres sólo cursaron la
primaria y me era muy difícil hacer mis tareas pues a pesar de contar con dos
hermanos mayores, estos no me apoyaban del todo pues ellos mismos tenían sus
propias dificultades. Mi madre y padre me ayudaron hasta llegar a las divisiones,
me enseñaron distintas técnicas de comprobación de estas. Esto se me ha quedado
grabado hasta la fecha e incluso esas técnicas de comprobación las he aplicado
con mi hijo. Les decía, cuando curse la secundaría asistí a una escuela secundaría
técnica en donde sólo tres de todos los que me impartieron materias durante los
tres años marcaron mi experiencia académica. Ellos no sólo se preocupaban de
que fuera una mejor estudiante sino que también notaban que algo pasaba dentro
del seno familiar y sin tocar el tema siempre tenían palabras de consuelo o motivación
para mi. Los problemas en casa se hicieron más grandes y casi por cursar al
tercer año de mi secundaría mis padres se separaron, los maestros que les
mencione siempre pendientes de mi. Llegando las fechas para realizar exámenes de
admisión para las preparatorias, yo no realice ninguno pues aunque mi padre ya
no estaba con nosotros influía con sus ideas y una de esta era que yo no
siguiera estudiando pues era más viable le ayudara a mi madre en el oficio de
corte y confección. En ese momento yo no entendía lo que pasaba por la mente de
mi padre pero sentía que eso no estaba bien, pero aun no sabía cómo sustentar
esa duda. Una de mis hermanas, la mayor, tomo la batuta y acompañada de su
esposo me hicieron ver la importancia de estudiar. “siempre será más barata la educación
que le pueda dar a esta chamaca. Vea. Lo que ahora quiere ahorrarse, tarde o
temprano lo tendrá que gastar si esta niña no estudia pues es muy probable que
con su inmadurez, tome malas decisiones y elija algún compañero igual que ella,
tengan hijos y estos dado que no estudiaron no podrán mantenerlos o darles la vida
que usted desea para estos y quién creé que le tenderá la mano con comida,
pañales, etc” Lo bueno de todo este discurso es que mi madre lo entendió y mi
hermana se comprometió a ayudarme. En la preparatoria a la que asistí hubieron
muchos maestros que a pesar de no haber estudiado para ser docentes, estaban
comprometidos a formarnos lo mejor posible a los alumnos para integrarlos a una
sociedad que los necesitaba bien preparados.
La visión bien
dirigida de la importancia de la educación, contribuyó para que yo me siguiera
formando en un buen ambiente. La lectura ayudo a superar los muchos conflictos
e inseguridades que dejó la desintegración familiar. Teniendo un claro panorama de mis objetivos continúe
en mi formación haciéndome responsable de mis estudios y tratando de ser un
mejor ejemplo para mi hermana menor(a quien claro también se le apoyo). Entendí
que la familia sufre cambios pero que esta por ningún motivo deberá
desintegrarse emocionalmente. Unos ayudando a otros a entender que deberíamos
prepararnos lo más posible.
Los maestros comprometidos a formar jóvenes útiles a la
sociedad es algo que se ha perdido en nuestros tiempos. Es duro ver que por
sobre la educación en nuestro país , siempre habrán otros intereses
particulares pero es gratificante saber que aun hay personas que podemos comprometernos
para hacer el cambio. La educación es la mejor inversión y esta podrá mejorar
si cada uno tiene una mejor actitud y disposición. Debemos dejar atrás el sin
fin de cosas que nos pueden impedir nuestra superación. Como lo bien dice
nuestra compañera GUADALUPE ILEANA GONZALEZ LOPEZ no dejar que “ nuestros pensamientos sean los que nos
impiden avanzar “.
Vamos juntos que nuestras experiencias y aptitudes nos
ayudaran en el camino.
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